CUIDAR ENTRE TERRES

Qui sosté la vida quan les dones migren?

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cuidar entre tierras

¿Quién sostiene la vida cuando las mujeres migran? ¿Quién sostiene la vida cuando las mujeres migran? ¿Quién sostiene la vida cuando las mujeres migran?
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Que migre una mujer o que migre un hombre no tiene el mismo impacto.

A diferencia de la migración masculina, la de las mujeres desencadena cadenas de cuidados: mientras que en las ciudades y los países de destino muchas migradas, desplazadas y exiliadas son ocupadas en el sector doméstico y, con su trabajo precarizado, llenan un vacío que tradicionalmente han cubierto las mujeres de forma no remunerada dentro de la familia, en su país o territorio de origen el déficit de cuidados que queda cuando migran es cubierto por otras mujeres. A menudo, abuelas, tías, hermanas… quedan a cargo de niños y personas dependientes. En ocasiones, son otras migradas las que palían el vacío, en condiciones aún más precarias que las soportadas por las migradas en el Norte global.

La fuga de cuidados asociada a la migración de las mujeres traspasa el entorno familiar; también afecta a la comunidad y el territorio. La defensa de los bienes naturales, muy feminizada, también sufre que las mujeres tengan que alejarse.

Contextos de empobrecimiento y violencia con huella occidental son el telón de fondo de las cadenas de cuidados. Un fenómeno, transnacional y urbanizado, que evidencia la tensión entre las necesidades de las personas y las necesidades de los mercados para acumular capital. Un fenómeno que delata cómo la responsabilidad cotidiana de sostener la vida, del entorno familiar a los bienes naturales, está lejos de situarse en el centro de las políticas y asumir de manera colectiva.

Tramas transnacionales de los cuidados, una relación desigual entre el Norte i el Sur

En los países industrializados del Norte global, especialmente en Europa y los Estados Unidos, se dan una serie de factores que producen un déficit de cuidados:

Envejecimiento demográfico: más personas con necesidades de cuidados en la vejez, pero menos población joven que se ocupe.

Entrada en el mercado laboral de las mujeres: en las últimas décadas, cada vez más mujeres hacen trabajos remunerados en el mercado laboral y se da una salida del ámbito doméstico.

Los Estados del Bienestar no dan respuestas: los recortes a los servicios públicos culmina un desmantelamiento progresivo de un llamado “Estado del Bienestar” que nunca había llegado a abastecer a toda la población, pero sí que paliaba algunas desigualdades socioeconómicas.

Modelo social familiarista: organización de los hogares y del ámbito privado basado en la familia nuclear, con una tendencia cada vez más grande a la atomización y el individualismo.

Falta de corresponsabilidad: las tareas reproductivas y de cuidados no se reparten equitativamente, sino que a través de la división sexual del trabajo recaen en las mujeres.

Al mismo tiempo, el Norte global y el sistema capitalista basan su riqueza en una economía extractivista. Se implementa un modelo desarrollista en los países del Sur Global, por ejemplo en América Latina. Este desarrollo se basa en la extracción de los recursos y de las materias primas -los bienes comunes- de los territorios latinoamericanos.

El extractivismo y el desarrollo son dos caras de la misma moneda, que causan un enriquecimiento de los países industrializados del Norte y un empobrecimiento de los países no industrializados del Sur global. Para sostener el sistema hay toda una serie de estructuras racistas, sexistas, capacitistas, edatistas y coloniales que han de pilar del capitalismo globalizado.

El modelo capitalista del desarrollo permite que cada año miles de empresas transnacionales hagan macroproyectos extractivistas que expolian los bienes comunes en los territorios rurales. Agua, minerales, combustibles fósiles, monocultivos, alimentos, etc. son los recursos naturales que se extraen a gran escala



Esto genera unos efectos de alta violencia para la naturaleza y para las personas: contaminación, alteración del territorio, inundaciones, desertificación, deforestación, sequía… A la vez, rompe los equilibrios de las economías y actividades locales, hasta el punto de impedir el abastecimiento y la autosuficiencia de las comunidades.

Este impacto en los territorios rurales genera falta de oportunidades para las poblaciones y, en particular, fuerza la entrada de las mujeres en el mercado laboral. Cuando no encuentran alternativa en sus territorios de origen, se ven forzadas a una migración del ámbito rural al ámbito urbano. A su vez, al irse se generan unos déficits de cuidados.Otras mujeres -familiares y personas próximas, o bien trabajadoras remuneradas- tienen que asumir los cuidados que las mujeres migradas ya no pueden proveer. Sean cuidados a niños, a personas mayores o enfermas… o bien al territorio, la comunidad y la naturaleza.

Con este trasfondo se dan las tramas nacionales y transnacionales de los cuidados. A causa de un modelo socioeconómico capitalista, que no es sostenible ni respetuoso con la naturaleza, los países del Sur Global sufren un elevado flujo migratorio. Primero, del entorno rural a las zonas urbanas. El incremento de las poblaciones en las ciudades genera un estrés socioeconómico, ya que frecuentemente no se pueden asumir los volúmenes de personas desplazadas desde el campo hasta la ciudad.



La falta de oportunidades laborales y/o de subsistencia genera una mano de obra precarizada y barata. Las condiciones y los derechos laborales se recortan en muchas ocasiones, así que las poblaciones de origen urbano también sienten el impacto de un cambio demográfico causado por las migraciones. En este contexto, sin oportunidades en el campo o en la ciudad, las personas con más recursos económicos pero precarias se plantean la migración como una forma de salir del círculo vicioso.

Desde los últimos treinta años, el fenómeno migratorio del Sur al Norte global cada vez se ha feminizado más. En la última década, casi la mitad de las personas migrantes han sido mujeres. Hacen una migración transnacional, a países vecinos o a otros continentes, para encontrar mejores condiciones laborales y para ayudar al sostenimiento de la vida en sus hogares.

Al migrar, la mayoría de veces las mujeres dejan en el país de origen a familiares a quien cuidaban. Hijos e hijas, padres y madres, personas enfermas, etc. con quien no tienen la posibilidad o la voluntad de reagruparse. Cuando las mujeres migran al extranjero, se genera otro déficit de cuidados, éste especialmente urbano. De nuevo, otras mujeres asumen los cuidados, sea de forma remunerada o no. En caso que se remunere a la cuidadora en el país de origen, probablemente será precariamente y perpetuando una cadena de vulneración de derechos que empieza en los países del Nortge global y llega hasta los parajes más remotos de los países del Sud global.



Texto

Berta Camprubí

Anna Celma

Mertixell Rigol

Video

Núria Gebellí

Estel·la Marcos

Fotografía

Montse Giralt

Corrección

Èlia Olivan

Diseño Web

Gaizka Pagonabarraga

Programación

Marc Camprodon

Gaizka Pagonabarraga

Este webdoc se ha producido con la contribución financiera de la Unión Europea (UE). El contenido es responsabilidad de la Directa y CooperAcció y no refleja necesariamente la posición de la UE.

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